Expertos en salud ambiental
y cardiólogos de la Universidad de California del Sur (EE.UU), acaban de
demostrar por primera vez lo que hasta ahora era apenas una sospecha: la
contaminación ambiental de las grandes ciudades afecta la salud cardiovascular.
Se comprobó que existe una relación directa entre el aumento de las partículas
contaminantes del aire de la ciudad y el engrosamiento de la pared interna de
las arterias (la "íntima media"), que es un indicador comprobado de
aterosclerosis.
El efecto persistente de la
contaminación del aire respirado, en un proceso silencioso de años, conduce
finalmente al desarrollo de afecciones cardiovasculares agudas, como el
infarto. Al inspirar partículas ambientales con un diámetro menor de 2,5
micrómetros, ingresan en las vías respiratorias más pequeñas y luego irritan
las paredes arteriales. Los investigadores hallaron que por cada aumento de 10
microgramos por metro cúbico de esas partículas, la alteración de la pared
íntima media de las arterias aumenta un 5,9 %. El humo del tabaco y el que en
general proviene del sistema de escape de los autos producen la misma cantidad
de esas partículas. Normas estrictas de aire limpio contribuirían a una mejor
salud con efectos en gran escala.
Otro de los efectos es el
debilitamiento de la capa de ozono, que protege a los seres vivos de la
radiación ultravioleta del Sol, debido a la destrucción del ozono
estratosférico por Cl y Br procedentes de la contaminación; o el calentamiento
global provocado por el aumento de la concentración de CO2 atmosférico que
acompaña a la combustión masiva de materiales fósiles. Lastimosamente los
empresarios y sus gobiernos no se consideran parte de la naturaleza ni del
ambiente que le rodean, ni toman ninguna conciencia de los daños que hacen al planeta,
e indirectamente a sí misma, al mismo ritmo con que los produce; salvo el
retirar sus contaminantes de sus regiones.
